FERNANDO REMÍREZ DE GANUZA
FERNANDO REMÍREZ DE GANUZA

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Fernando Remírez de Ganuza es uno de los personajes claves en la modernidad de los vinos riojanos. Cuando inauguró su bodega en Samaniego, en 1989, llevaba más de 20 años trabajando como negociante de viñedos. Su obsesión ha sido desde siempre “elaborar el mejor vino posible, aquel que se distingue porque sus aromas y sabores tienen un equilibrio perfecto”. Para ello, Remírez de Ganuza ha implementado prácticas revolucionarias en sus 60 hectáreas de viñedo (como separar las puntas de los racimos de los “hombros”) amén de artilugios de propia invención en la bodega, como gigantescas bolsas de PVC que se introducen en los tanques para prensar suavemente las uvas o depósitos de acero inoxidable de insólito diseño. Gracias a esta filosofía, cuenta con una gama de vinos de calidad notable, que le han llevado a ser el último de los bodegueros españoles en obtener los míticos 100 puntos del equipo de Robert Parker Jr, por su tinto Gran Reserva 2004.

P: Su tinto Gran Reserva 2004 ha sido el último vino español en recibir los anhelados 100 puntos Parker. ¿Que le diferencia del resto de los vinos riojanos de esa añada?


R: Pues yo creo que la diferencia principal de este vino con el resto de los vinos riojanos –y esto lo podría decir cualquier otro bodeguero– es que es mío y lo hago a mi manera. Exclusivamente usamos el mejor viñedo viejo del que dispongo –mis Grandes Reservas se elaboran desde la viña– , seleccionamos la uva en la parcela elegida y después, como hacemos con en el resto de nuestros vinos, llevamos a cabo otra selección en la bodega y para su crianza utilizamos exclusivamente barrica nueva. Todo el mundo decía que para hacer un Gran Reserva había que criarlo en barrica usada, pero este vino ha ido desgastando y usando la barrica él mismo,  de manera que aunque el vino empieza criándose en una barrica nueva en cierto modo termina su crianza en barrica usada. Pero no basta con criar el vino durante mucho tiempo, además hay que saber manejar esa crianza, los trasiegos, los controles y, por supuesto, hay que acertar con el vino que elegimos, no todos valen para una larga crianza. Todo esto es resultado de más de 15 años de experimentación llevando la crianza en barrica hasta el límite, lo cual es un esfuerzo económico importante que agradezco que se haya visto recompensado con los 100 puntos, pues me anima mucho a seguir ideando nuevos métodos y, en definitiva, a seguir arriesgando.

P:  ¿Y cómo valora la añada del 2005 de ese mismo vino, respecto a la histórica del 2004?


R: Son añadas muy diferentes, la añada 2004 es una añada muy resistente en el tiempo, la añada 2005 combina resistencia con la parte melosa que debe tener un gran vino. A mí me gustan las dos añadas por igual, la verdad, en una prefiero unas cosas y en otra, otras.

 

P: Usted suele incorporar nuevos elementos a la vinificación tradicional de los vinos de Rioja. ¿Queda aún algo por “inventar” en los terrenos de la vinificación y crianza?


R:  Imagino que queda por inventar al menos tanto como lo que hemos inventado hasta ahora.  Aunque yo no usaría la palabra  inventar, podría malinterpretarse, hablaría de idear medios nuevos que mejoren la manipulación de la crianza y elaboración, e imagino que quedan al menos tantos medios nuevos por probar como los que se han ideado en los últimos 100 años. Porque esos pequeños detalles son los que hacen que un vino sea cada año mejor y pase, por ejemplo, de los 93 puntos a los 97, ¿y quién no quiere que sus vinos sean cada año mejores?

 

P: Desde su perspectiva de bodeguero y amante del vino, ¿que es lo que cree que aporta LAVINIA al universo vinícola?


R: LAVINIA es un gran vehículo de comunicación entre el bodeguero y el cliente final por muchas razones: ubicación, personal cualificado y, sobre todo, ganas de seguir ideando nuevas formas de comunicación y venta.

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