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Según testimonios de sus descendientes, a fines del siglo XIX, la Hacienda Botucal fue testigo de lo que fuera la tempranera inclinación de Don Juancho Nieto Meléndez, viajero impenitente por indag...

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Bodega: Diplomático

Según testimonios de sus descendientes, a fines del siglo XIX, la Hacienda Botucal fue testigo de lo que fuera la tempranera inclinación de Don Juancho Nieto Meléndez, viajero impenitente por indagar desde sus vertientes iniciales, los sabores y esplendores de bebidas tradicionales.

Se vio cautivado por un proceso de elaboración que reposaba en métodos artesanales, que a pesar de repetirse, mostraban en sus productos variadas posibilidades de re-elaboración. La complejidad de ciertas variables del entorno, como son el clima y la humedad del trópico en estas tierras del Caribe, fue otro factor que lo envolvió de manera fascinante en este proceso.

Don Juancho hizo de la cata de exóticos licores y rones, un arte, en pos de mejores resultados. Famosa fue su reserva de estas bebidas, conocidas en los círculos de amigos, como "Las Reservas del Embajador", aludiendo en tal nombre, a la condición de bonhomía y clase de su dueño. Jamaica, que en un tiempo fue referencia obligada para fabricantes y consumidores de ron, muy pronto quedaría atrás.

De igual manera, las islas antillanas le entregarían, sin saberlo, resonancias de sus secretos, en las técnicas de los destilados y el envejecimiento de los rones. El trapiche, en su manera tradicional de triturar la caña para extraerlas, era para Nieto Meléndez su herramienta y compañero.

Observaba su lento andar a la manera de quien avizora nuevos caminos para transitar, imaginando los nuevos sabores que los jugos aportarían al ron. Mucho tiempo después, serían sus sabias y secretas combinaciones de ingredientes, barricas de madera y las mieles, las que brindarían la fortaleza y complejidad que Don Juancho Nieto Meléndez buscaba.

El resultado no deja dudas: un ron "único", mezcla de carácter y cuerpo con la sutileza de los aromas, expresión de la búsqueda y desvelos de quien lo llamaría y daría a conocer en el mundo como su Ron Diplomático. Su travesía por la vida demostraría que el tesón puede convertirse en sabor, color y aroma exclusivo, digno de ocupar las mejores mesas del mundo.

Su muerte a mediados del siglo pasado, no significó la desaparición de su legado.

Éste ha sido perfeccionado, siendo el Diplomático Reserva Exclusiva, elaborado en su honor, una de las mejores y más delicadas maneras de hacerle honor a su memoria y de representar a un país, Venezuela.

Según testimonios de sus descendientes, a fines del siglo XIX, la Hacienda Botucal fue testigo de lo que fuera la tempranera inclinación de Don Juancho Nieto Meléndez, viajero impenitente por indagar desde sus vertientes iniciales, los sabores y esplendores de bebidas tradicionales.

Se vio cautivado por un proceso de elaboración que reposaba en métodos artesanales, que a pesar de repetirse, mostraban en sus productos variadas posibilidades de re-elaboración. La complejidad de ciertas variables del entorno, como son el clima y la humedad del trópico en estas tierras del Caribe, fue otro factor que lo envolvió de manera fascinante en este proceso.

Don Juancho hizo de la cata de exóticos licores y rones, un arte, en pos de mejores resultados. Famosa fue su reserva de estas bebidas, conocidas en los círculos de amigos, como "Las Reservas del Embajador", aludiendo en tal nombre, a la condición de bonhomía y clase de su dueño. Jamaica, que en un tiempo fue referencia obligada para fabricantes y consumidores de ron, muy pronto quedaría atrás.

De igual manera, las islas antillanas le entregarían, sin saberlo, resonancias de sus secretos, en las técnicas de los destilados y el envejecimiento de los rones. El trapiche, en su manera tradicional de triturar la caña para extraerlas, era para Nieto Meléndez su herramienta y compañero.

Observaba su lento andar a la manera de quien avizora nuevos caminos para transitar, imaginando los nuevos sabores que los jugos aportarían al ron. Mucho tiempo después, serían sus sabias y secretas combinaciones de ingredientes, barricas de madera y las mieles, las que brindarían la fortaleza y complejidad que Don Juancho Nieto Meléndez buscaba.

El resultado no deja dudas: un ron "único", mezcla de carácter y cuerpo con la sutileza de los aromas, expresión de la búsqueda y desvelos de quien lo llamaría y daría a conocer en el mundo como su Ron Diplomático. Su travesía por la vida demostraría que el tesón puede convertirse en sabor, color y aroma exclusivo, digno de ocupar las mejores mesas del mundo.

Su muerte a mediados del siglo pasado, no significó la desaparición de su legado.

Éste ha sido perfeccionado, siendo el Diplomático Reserva Exclusiva, elaborado en su honor, una de las mejores y más delicadas maneras de hacerle honor a su memoria y de representar a un país, Venezuela.